Ruta dorada
A dos mil novecientos metros del nivel del mar, que por breves temporadas me desviste,
atravieso por la ranura lana virgen el microclima de una niebla que es la ruana de los pobres.
Me adentro en el bosque que ya ha perdido el rastro de la que fue su última trocha
y con cada paso marco una nueva.
Me refresco los pies en el hilo de agua que en su cause (y cuando toca, fuera de él)
deja claro su reino en lo que baña y nutre.
Al suelo rocoso y húmedo entapetado de musgo, se aferran las garras que acicalo.
No pienso, me siento y solo piso y recibo, los rayos del sol que sin pudor me besan.
El instante en que logro camuflarme en su pirita superficie me pregunto: ¿Seré yo o la marmaja?
la respuesta la tiene el agua y su reflejo, ¡las dos en una sola!
Cierro los ojos, como en un gesto que pretende retener ese momento.
Tarareo mientras celebro que mi sentadero de oro de los locos no se transe por espejos.
Recargado está el imán que me mantiene erguida,
continuo con mi puntada, la construcción de un nuevo puente hasta que mis ojos se topen con el brillo de otra marquesita;
la estación que marca el devenir de la aguja que guían mis pies, una cartografía de una de tantas rutas, (la míadorada).
Source: http://cantalicia.blogspot.com/2024/03/ruta-dorada.html