Uno, cero (lágrimas)
Dejé pasar una semana para reposar la sensación de pérdida. La experimentaba desde el sábado cuando me enteré de la partida del video artista Bill Viola, y aunque no lo conocí en persona, fue leyendo sus textos y respuestas a entrevistas, que me acerqué a su obra y a los gestos de los actores de las pasiones. A la misma velocidad de sus escenas ralentadas, la niebla bajaba como un telón dominical sobre el bosque, un alto porcentaje de colombianos se disponían a ver la final de la Copa América de fútbol, cuyo resultado fue otra pérdida. Con las dos, si queremos remitirnos a sabiduría ancestral (incluso técnica), perdíamos y ganábamos un poco. En el primer caso, un legado artístico que da cuenta del dominio de una técnica disculpa de un ejercicio religioso, y en el segundo, una licencia oficial para las lágrimas de un equipo y sus seguidores, al tener que aceptarse subcampeones, perdedores, aún así el ídolo de “todo el mundo”, se consolidara en su pedestal y aprovechara la suya, para explotar también en dichosas secreciones lagrimales.
Unas lágrimas y otras, las sustancia que nos une. En su experimentación nos convertimos en el mar que nos abraza, y nos refresca. El oxígeno nos llega en su esencia hasta los ojos, como fuente que brota desde una profundidad que necesita sentirse y en tantos casos, evidenciarse vuelta cascada de la que se puede probar cuando una gota que recorre la topografía del rostro, cae hasta la lengua por la comisura de los labios. El sonido que emitimos y las acompaña cual banda sonora, evoca al primero que sacó a nuestra madre de su dolor de parto, al nuestro: al estar atravesando esa sensación extraña de la primera respiración de atmósfera en la que nos encontramos acogidos enseguida con abrigo, el que inauguró nuestra vida en la tierra, nuestro llamado a la compasión y nuestra primera evidencia de confianza, Conmovidos en lágrimas, somos al tiempo actores y espectadores, un telón que cae vuelto agua para limpiar la mirada al vacío en el que somos: uno y cero, todo y nada.
Source: http://cantalicia.blogspot.com/2024/07/uno-cero-lagrimas.html